Es totalmente comprensible que, tras abordar la terapia de pareja, surja la inquietud sobre qué ocurre cuando la decisión final es la ruptura. Como psicóloga con años de experiencia acompañando a familias en nuestra querida ciudad, sé que este es uno de los tránsitos más dolorosos y complejos que se pueden vivir. Por ello, he preparado este artículo centrado en el impacto del divorcio en los hijos: cómo gestionar la coparentalidad de forma sana, con el fin de ofrecerte una brújula emocional en un momento donde el suelo parece moverse bajo tus pies.
Cuando una pareja decide separarse, el mundo tal como lo conocían sus hijos se transforma por completo. En mi consulta en Logroño, a menudo recibo a padres y madres angustiados que se preguntan si sus hijos “estarán bien” o si las secuelas del divorcio serán permanentes. La respuesta que siempre les doy es que el divorcio en sí mismo es un cambio estructural, pero lo que realmente determina el bienestar de los menores no es la separación, sino la forma en que los adultos gestionan ese proceso. Entender el impacto del divorcio en los hijos es el primer paso para proteger su salud mental.
A menudo, los niños experimentan una montaña rusa de emociones que van desde la culpa hasta el miedo al abandono. Esto sucede porque su sentido de seguridad depende directamente de la estabilidad de sus figuras de referencia. En una ciudad pequeña y familiar como la nuestra, donde es habitual ver a las familias paseando por el Parque de la Grajera o compartiendo tardes en las plazas del centro, los niños pueden sentirse especialmente expuestos o diferentes cuando su estructura familiar cambia. Sin embargo, si logramos mantener una relación de respeto con el otro progenitor, el niño aprenderá una lección valiosa sobre la resiliencia y la resolución de conflictos.
El concepto de coparentalidad: Dos casas, un mismo equipo
La coparentalidad no significa que tengas que ser el mejor amigo de tu ex-pareja, pero sí implica que debéis actuar como socios en la “empresa” más importante de vuestra vida: la crianza de vuestros hijos. A causa de la tensión acumulada durante la ruptura, es fácil caer en el error de utilizar a los hijos como mensajeros o, peor aún, como confidentes de nuestras frustraciones de adultos.
Para mitigar el impacto del divorcio en los hijos es fundamental establecer canales de comunicación claros y exclusivamente centrados en los niños. Si vivís en Logroño, probablemente compartáis el mismo entorno escolar o las mismas actividades extraescolares en los centros deportivos municipales. Aprovechad esa cercanía para unificar criterios: desde la hora de irse a la cama hasta la gestión de los deberes. La coherencia entre ambos hogares reduce drásticamente la ansiedad infantil, ya que el niño sabe qué esperar sin importar en qué casa se encuentre esa noche.
Errores comunes que debemos evitar
A lo largo de mi trayectoria, he observado patrones que dificultan enormemente la adaptación de los más pequeños. Es vital ser conscientes de ellos porque a menudo se cometen sin mala intención:
- Triangulación: Ocurre cuando forzamos al hijo a elegir bando o a espiar lo que sucede en la otra casa. Esto genera un conflicto de lealtad devastador.
- Hablar mal del otro progenitor: Para un niño, él es “mitad papá y mitad mamá”. Si insultas a uno de ellos, el niño siente que estás insultando una parte de su propia identidad.
- La inconsistencia normativa: A veces, por culpa o por querer ser el “padre divertido”, relajamos las normas en exceso. Sin embargo, los niños necesitan límites claros para sentirse seguros, especialmente en tiempos de cambio.
¿Cómo hablar con ellos según su edad?
No es lo mismo explicar la situación a un niño que acude a una guardería en la zona de Cascajos que a un adolescente que estudia en el Instituto Sagasta. Los más pequeños necesitan explicaciones sencillas y, sobre todo, la seguridad de que ambos padres seguirán queriéndolos y cuidándolos. Los adolescentes, por su parte, pueden mostrarse más rebeldes o distantes a causa de su necesidad de autonomía, pero siguen necesitando saber que sus padres mantienen el control de la situación y que ellos no tienen la responsabilidad de “arreglar” a nadie.
Gestionar el impacto del divorcio en los hijos requiere, ante todo, una gran dosis de madurez emocional por parte de los padres. Debemos aprender a separar nuestras heridas como “ex-pareja” de nuestras responsabilidades como “padres”. Es un camino que puede ser cuesta arriba, especialmente en los primeros meses, pero los beneficios a largo plazo para el equilibrio emocional de tus hijos son incalculables.
El apoyo profesional como red de seguridad
En ocasiones, la carga emocional es tan alta que la comunicación se vuelve imposible. En esos casos, la mediación familiar o la terapia de coparentalidad en nuestro centro de Logroño puede ser la solución. Proporcionamos un terreno neutral en el cual podéis aprender a negociar y a poner el foco donde realmente importa: el bienestar de los menores. No tengas miedo de buscar apoyo; hacerlo es una demostración de que priorizas la felicidad de tus hijos por encima de cualquier desavenencia personal.
Conclusión
El divorcio marca el fin de una etapa, pero no el fin de la familia. La familia no se destruye, se transforma en algo nuevo. Con paciencia, respeto y las herramientas adecuadas, vuestros hijos pueden crecer en un entorno b parental lleno de amor y seguridad. Logroño es una ciudad magnífica para criar niños, y con una gestión sana de la coparentalidad, vuestro hogar —en sus dos versiones— seguirá siendo el mejor lugar para ellos.
Agenda tu cita AQUÍ y consigue las herramientas necesarias para afrontar los cambios que por el bien de la pareja se puedan dar.

